“Que las personas se emocionen o que le agraden mis trabajos, es la mayor recompensa”

Rocambole

El periodista Augusto González Español entrevistó para su programa Mamma Mia!’, que se emite diariamente por LV11 “La Radio de los Santiagueños”, a Ricardo “Mono” Cohen, más conocido como “Rocambole”, el legendario realizador gráfico de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, quien estará hoy a las 20 en el Fórum, hablando sobre, arte, ilustración, imagen y diseño.“Mis amigos me dicen ‘Mono’, Ricardo me dice mi familia, y ‘Rocambole’ todos los chicos que han apreciado lo que hice”, comienza diciendo el artista.

-¿Qué te genera a vos provocar tantas sensaciones en personas de distintas edades, en diferentes generaciones?
-Creo que lo que más puede esperar un realizador es que algunas personas se emocionen o les agraden los trabajos que uno hace, esa es la mayor recompensa. En mi caso, que a las imágenes que yo hago, la gente las aprecie, las use en remeras y, a veces —lo más impresionante— es que se las tatúen. Uno se llena de orgullo y a veces da un poco de miedo. ¿Cómo puede ser que lo que uno hizo, quizá, en una noche de trabajo, otro lo lleve en la piel por el resto de su vida?

-Cuando arrancaste esta profesión te habrás planteado sueños y metas, pero se te cruzaron ‘Los Redondos’ y ¿explotó tu vida, cambió?
-Creo que el proceso fue de toda la vida. Yo soy amigo de varios de los que después integraron ‘Los Redondos’, desde la más primaria juventud. Es como que a lo largo de tu vida, varios de tus amigos, muy talentosos, se transforman en una especie de ‘fenómeno de masa’. Y en el comienzo de esa transformación, nadie se daba cuenta de eso. Eran una banda de amigos que hacían música, otros que hacían teatro, otros que hacían cine… en mi caso, trabajaba en ilustración, dibujo, etc. Eran una especie de ‘comunidad artística’ digamos, pero nunca nadie se imaginó lo que iba a pasar con eso, ni yo, ni el Indio, ni Skay, ni la Negra Poly. Es como que no nos dimos cuenta. Yo siempre me asombro de que vengan tantos chicos a pedirme un autógrafo, o que se usen esas imágenes, en remeras, en banderas, es una cosa muy loca.

-¿Sos de esas personas súper autoexigentes con tu propio trabajo, te gusta todo lo que haces o te ha pasado que algún trabajo no te ha gustado y después, sin embargo, se metió en la historia?
-Eso ha pasado, y te cuento que soy bastante inseguro. De hecho, para hacer un trabajo cualquiera, cuando empiezo hago infinidad de bocetos, y después me quedo con algo. No soy de esos dibujantes que hacen dos o tres trazos y ya está la cosa, lo tengo que explorar bastante, incluso ahora que uno fue mejorando su trabajo con los años, aún así hago muchas versiones. Se dio el caso de alguna ilustración que yo no le ponía muchas fichas, por haberlo hecho apurado, por ejemplo, por los tiempos propios de la profesión. Es el caso del dibujo del esclavo, ese dibujo que se difundió tanto (del disco Oktubre). Lo tuve que hacer en unas horas, porque había que entregar un aviso en el diario y cerraba la recepción, entonces hice una imagen con una premura que no era la habitual en mi trabajo.

-¿Un sueño que todavía tengas por cumplir?
-Hay muchos sueños, pero uno que tengo desde chico es dirigir una revista de historietas. Un par de veces lo intenté, del tipo de historietas ‘subterráneas’ digamos, pero nunca pude concretar de hacer una publicación continuada, donde hubiera dibujos no solo míos sino de otros artistas que me gustaran, amigos. Eso quedó ‘en el tintero’.

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