26 octubre, 2020

Coppola estuvo preso allí y contó cómo es la cárcel de los rugbiers

El llamado “Caso Coppola” acaparó los medios en 1998 y puso a Guillermo Coppola en el centro de los programas de televisión y las tapas de los diarios y las revistas de la época. A 22 años de su detención, que duró 97 días, el empresario recordó en Crónicas de la tarde sus días en el penal de Dolores, el lugar que hoy vuelve a ser noticia por alojar a los rugbiers acusados de la muerte de Fernando Báez Sosa en Villa Gesell.

“Van a llegar a un lugar y se van a encontrar con este tipo de cosas donde los van a provocar para pelear. A mi me tiraron una faca y me dijeron ’arrancá si tenés nafta’”, recordó el exmaganer de Diego Maradona en el ciclo de Mónica Gutiérrez. “Yo lo que atiné a decir fue ’¿sabés hace cuánto que se me acabó la nafta?’. Y se te vienen encima con eso, producto de nada, y eso que yo estaba en jogging, zapatillas normales, nada provocativo, cabeza gacha», aseveró, sobre su experiencia en el penal que hoy tiene a Máximo Thomsen y Ciro Pertossi, acusados como coautores del crimen, y a los otros ocho rugbiers, señalados como partícipes necesarios.

«Llegué a un lugar donde me recibieron seis personas, entre ellas dos mujeres y me dijeron ‘sáquese la ropa’ y me tuve que desnudar delante de las dos mujeres para que me revisaran. Después me mandaron a un ‘buzón’. Hay un teléfono público. Hace cuatro años hice un programa para televisión y volví a esa cárcel, y no vi ninguna mejora», relató Coppola, sobre el lugar que hoy aloja a los diez rugbiers que están imputados por «homicidio agravado por el concurso premeditado de dos o más personas».

«Cuando yo entré al ‘buzón’, me trajeron un colchón y esa primera noche sentí que estaba soñando, porque veía unos bichos que venían hacia donde estaba mi cara. Me desperté y vi que eran cientos de chinches que estaban en el colchón. Al día siguiente, Diego Maradona me quiso acercar un colchón, pero el Juzgado no se lo permitió», recordó.

«Las noches son terribles, eternas, se escuchan gritos, peleas, un lugar que yo no le deseo a nadie. Para medirlo en tiempo, un día es un año. Vivís con miedo. Para ir al baño, tenía que golpear y pedir permiso, pero una noche no me lo dieron, porque se les ocurrió no dármelo», finalizó Guillermo Coppola.

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