21 septiembre, 2020

Conocé la escalofriante historia del vampiro tucumano

Antes que nada, cabe aclarar que es una historia real y ocurrió muy cerca, en Tucumán.

Ahora sí, comencemos:

Florencio Roque Fernández nació en 1935, en Monteros, Tucumán, Argentina. Era un enfermo mental, sufría de delirios y alucinaciones que lo hacían creer firmemente que era un vampiro, además de sentirse sexualmente atraído por la sangre.

Cuando era chico, fue abandonado por su familia, por lo que vivía en la calle. En el momento en el que fue arrestado, él vivía en una cueva contigua a la comunidad, y padecía de fotofobia, lo que le provocaba fuertes irritaciones y dolores si se exponía a la luz.

Acechaba a sus víctimas durante varias noches, estudiando sus horarios y viendo cuándo se encontraba sola en la casa. Se aprovechaba de las noches calurosas, en las que la gente dejaba las ventanas abiertas, para entrar por las mismas.

Una vez ingresaba a la vivienda, comenzaba a golpear salvajemente a la víctima mientras dormía. Luego de eso, le comenzaba a comer todo el cuerpo y se bebía su sangre, al igual que los vampiros. Si no mataba a sus víctimas durante el ataque, las dejaba para que mueran desangradas.

Florencio fue detenido el 14 de febrero de 1960, cuando tenía 25 años, durante un «pintoresco» operativo policial, donde ingresaron a la cueva en la que él residía. En un principio, se dejó llevar sin presentar resistencia, pero eso cambió cuando lo expusieron a la luz del sol, donde se puso violento y gritaba de dolor.

En el juicio, fue declarado inimputable y fue encerrado en una institución psiquiátrica, donde permaneció hasta el día de su muerte, por causas naturales, en el año 1968.

Aunque parece un llamativo argumento de una película de terror, ocurrió en la realidad y mucho más cerca de lo que pensamos.

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