1 octubre, 2020

La increíble historia de un hombre que fue enterrado en la luna

El sueño más deseado de Eugene Merle Shoemaker era poder conocer y estar algún día sobre la superficie de la Luna, y aunque en vida no pudo cumplir su gran anhelo, hoy en día sus restos están enterrados en la superficie del lugar que siempre quiso visitar.

 

El doctor Eugene Merle Shoemaker, conocido también como «el gran Gene», fue un reconocido geólogo estadounidense, responsable de la invención de las ciencias planetarias. Además, fue uno de los pioneros en la exploración del sistema solar y la ciencia lunar, especializándose en el estudio de los cráteres.

 

Nacido en Los Ángeles en 1928, su inteligencia era la de un genio. En tres años hizo la secundaria y a los 16 ingresó en la Universidad, en la California Institute of Technology, dedicada al estudio de las ciencias naturales y la ingeniería.

 

 

 

En 1948 ya se había recibido y comenzó el doctorado en Princeton.

 

Allí conoció a la hermana de un compañero de estudios. Se trataba de Carolyn Spellman, que además de ser licenciada en Historia y Política, había hecho un curso de geología. Eran almas gemelas y en 1951 se casaron.

 

Tuvieron tres hijos y Eugene la convenció que estudiara astronomía y se uniera a su equipo. Ella lo hizo y se convirtió en una destacada científica.

 

 

Mientras, Eugene había sido contratado en 1950 por la United States Geological Survey para buscar yacimientos de uranio en Utah y Colorado, y allí se especializó en cráteres.

 

Amante de la Luna, la cartografió con el objetivo de hacer el primer mapa geológico lunar. Fundó el Astrogeology Research Program, y creó la astrogeología, que demostró que todos los cráteres de la Luna fueron producidos por impactos de meteoritos.

 

 

Ya que era el máximo especialista en el tema participó en las misiones Lunar Ranger (las primeras misiones lunares estadounidenses, en los años sesenta), colaboró en el entrenamiento de los astronautas del Programa Apolo en los cráteres Barringer y Sunset, y quedó a un paso de cumplir su mayor sueño: llegar a la Luna como astronauta.

 

Estuvo muy cerca. Fue el primer científico designado para pisarla pero quedó excluido por padecer la enfermedad de Addison, un trastorno de la glándula suprarrenal.

 

Debió conformarse con probar el funcionamiento de los primeros trajes de astronauta, dar los retoques a los mapas más precisos de la Luna, ser el responsable de la seguridad del primer viaje tripulado, la Apolo 11, y como si fuera poco, eligió el lugar de aterrizaje.

 

 

Además comentó en televisión los vuelos de las misiones Apolo 8 y 11, fue el director de geología lunar en las del Apolo 11, 12 y 13, y lo más importante: fue el maestro de los astronautas, enseñándole todos los secretos de la Luna, por ejemplo, a Neil Armstrong y Buzz Aldrin, los primeros hombres en pisarla.

 

Su vida de científico sumó grandes logros como descubrir un cometa, el Shoemaker-Levy 9 que impactó a Júpiter en 1994. El cometa, que Shoemaker descubrió con su esposa Carolyn y David Levy, fue excepcional porque fue la primera vez que los humanos pudieron presenciar una colisión planetaria.

 

Hasta un pequeño pueblo de Wyoming instaló una pista de aterrizaje inter galáctica para recibir a los posibles refugiados de Júpiter.

 

El geólogo ganó uno de los mayores premios de la ciencia: la National Medal of Science, por su descubrimiento de cráteres de impacto de meteoritos. Su vida llegó a un inesperado final el 18 de julio de 1997, cuando murió en un accidente automovilístico mientras justamente exploraba un cráter de meteorito en Alice Springs, Australia.

 

 

Fue una colisión frontal en la que él murió instantáneamente y su esposa resultó herida de gravedad. Y llegaron los honores póstumos.

 

 

Se dio su nombre a un cráter de la Luna y a otro de Marte, a un asteroide y a una sonda espacial.

 

Poco tiempo después recibió el más alto homenaje otorgado a título póstumo por la NASA: sus cenizas iba a ser depositadas en la Luna.

 

El 6 de enero de 1998, el vehículo lunar Prospector, de la NASA, que pertenecía al cohete Athena II, despegó desde Cabo Cañaveral, en Florida, hacia el polo sur de la Luna, en busca de hielo y con las cenizas de Shoemaker.

 

 

Las mismas iban en una cápsula de policarbonato realizada por la compañía Celestis Inc. que cobró U$S 600 la urna.

 

 

La cápsula con sus cenizas medía 8 centímetros de largo y siete de diámetro, estaba envuelta en una funda de aluminio sellada al vacío, y llevaba grabado con láser su nombre y sus fechas de nacimiento y muerte, sobre una imagen del cometa Hale-Bopp (el último que Shoemaker analizó y estudió), una imagen del cráter del meteorito de Arizona donde había entrenado a los astronautas de la Apolo, y una cita de Romeo y Julieta.

 

El 31 de julio de 1999, la misión terminó cuando la NASA estrelló deliberadamente la nave en la superficie de la luna, cerca del Polo Sur lunar, en una zona dentro de un cráter, convirtiendo a Gene Shoemaker en la única persona cuyas cenizas han sido diseminadas en cualquier cuerpo celestial fuera de la Tierra, en este caso la Luna.

 

 

 

 

Junto a las cenizas de Gene había una tarjeta con una cita de William Shakespeare, perteneciente a la obra Romeo y Julieta:

 

«Y cuando muera tómalo y córtalo en pequeñas estrellitas, y hará el rostro del cielo tan hermoso que todo el mundo estará enamorado de la noche, sin rendir culto al estridente sol».

 

Los versos exactos para el hombre que se enamoró de la Luna, y en ella descansa. /Clarín

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