23 octubre, 2020

Diez hijos y 84 nietos y bisnietos le regalaron la fiesta de 15 a los 79 años

La difícil situación de sus padres en 1956, cuando cumplió quince, les impidió homenajearla. Era su gran asignatura pendiente. Pero el sábado pasado se hizo realidad el sábado 11 de enero, cuando sus diez hijos y sus ochenta y cuatro nietos y bisnietos le hicieron realidad, a sus 79 años, el gran sueño trunco de su vida: el cumpleaños de 15.

En el mes y año de sus quince, enero de 1956, Idalina Silva no pudo tener la soñada fiesta de largo. Pese a ser hija única, corrían tiempos difíciles y ya trabajaba como empleada doméstica para ayudar a sus padres, Dorotea y Valdemar Silva. “A los 24 años me casé”, recordó Idalina, para agregar que a partir de ese momento llegaron los hijos. Diez.

Cuando se les preguntó cuándo y cómo nació la idea de festejarle los quince, su nieto Leandro -quien acompañaba a la abuela junto a otra nieta, Desirée- comentó que en octubre del año pasado, aprovechando que la familia estaba reunida por el Día de la Madre, alguien sugirió la idea. “Y se pusieron a charlar entre todos, hasta que decidieron que para su cumpleaños de 79 le harían el festejo”, indicó. Aquel Día de la Madre se dividieron las tareas. “Mi hermana María y el marido dijeron que ellos se hacían cargo del vestido. Así empezó la cosa. Participó toda la familia”, remarcó Yolanda.

Sesenta y tres años después, sus siete hijas y sus tres hijos pusieron manos a la obra. Se repartieron las tareas, e Idalina tuvo una fiesta completa. Hubo vestido, peinado y maquillaje para la ocasión, auto con moño, entrada al salón del brazo del menor de sus hijos varones -con música especialmente elegida-, torta, souvenirs, vals, comida, bebida, baile, fotos. Todo.

Solamente no pudo estar presente un hermano que vive junto con su familia en Tierra del Fuego. “El resto está cerca”, contó Idalina

“Conseguimos el club que está acá nomás, en 10 bis y 512 bis (el Centro de Fomento Ringuelet). Cada uno puso para la comida, la bebida, la torta. Una amiga que hace manualidades se encargó de los souvenirs. Y como yo conservé el moño que llevó mi hija en el auto para su fiesta, lo volvimos a utilizar. De modo que tuvo su paseo y su sesión de fotos en los jardines de la Municipalidad”, narró Yolanda.

Allí se retrató con un hermoso vestido blanco con detalles rosas, corona, y tres rosas de distintos colores en sus manos.

La entrada al salón de fiestas la hizo del brazo de Jorge, el menor de sus tres hijos varones, envuelta en cientos de papelitos brillantes y con la canción Héroe, de Mariah Carey, sonando de fondo: “El Señor sabe que los sueños son difíciles de alcanzar, pero no dejes que nadie te los quite”. Quizás una síntesis perfecta de la vida de Idalina y de ese momento en particular. El vals fue “El clásico”, dijeron en la casa de Idalina, en referencia al Danubio Azul de Johann Strauss.

“Hace unos veinte años atrás, quizás ella se hubiese quedado con el deseo incumplido”, opinó la médica especialista en gerontología, Lía Daichman, para expresar que “hoy lo puede hacer porque las cosas han cambiado mucho. Estamos en un momento en el que la mujer mayor tomó conciencia de que tiene derechos y los ejerce”.

En esa línea, consideró que en el fondo “hubo una decisión de Idalina de llevar adelante su fiesta más allá del apoyo familiar. Eso es lo que se llama empoderamiento”, realzó.

“Yo creo que ella nunca se creyó que íbamos a hacer la fiesta”, dijo Yolanda riendo. Y su madre sólo respondió con una sonrisa cómplice.

Es que a Idalina todo lo que le sucedió la emocionó “muchísimo”. “Fue todo tan lindo… Yo nunca había bailado”, afirmó, entre mate y mate.

 

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