25 noviembre, 2020

La oscura historia de una mujer que mató a su compañera de trabajo con una maza por viralizar un video íntimo

El 17 de abril de 2010 el crimen de Carola Bruzzoni conmocionó a la localidad bonaerense de General Las Heras.

 

Ese día una compañera de trabajo, Silvia Luna, la asesinó a golpes con una maza al enterarse de que había viralizado un video íntimo pocos días antes de su casamiento.

 

Cronología del crimen

Silvia estaba con Juan, su pareja, cuando el teléfono de él sonó: alguien le había enviado un video.

 

El celular no tenía memoria suficiente y no pudo descargarlo pero, a continuación, había un mensaje: «¿Te diste cuenta de que sos un cornudo?». Silvia lo convenció de que era una broma pesada pero esa noche apenas durmió.

 

La protagonista del video -que ya circulaba descontroladamente por los teléfonos de todo el pueblo- era ella: su cara, mientras le practicaba sexo oral a su amante en un hotel alojamiento, se veía con nitidez.

 

 

Era el 16 de abril de 2010, faltaban 8 días para que Silvia y Juan se casaran y la prueba irrefutable de la infidelidad amenazó con infectarlo todo.

 

 

A la mañana siguiente Silvia confirmó su sospecha: Carola Bruzzoni, íntima amiga suya y compañera de trabajo de las dos, le había robado el video, lo había copiado y le preparaba una sorpresa para la noche de su boda.

 

 

Silvia (31), desesperada y furiosa, condujo hasta «Matute», el histórico bar en el que ambas trabajaban, frente a la estación de tren del pueblo. Carola (38), ayudante de cocina, ya estaba ahí.

 

 

Fue Carola quien le sugirió, mientras tomaban un café después del trabajo, que se buscara un amante. Silvia, en un comienzo, descartó la idea, pero terminó enganchándose con un proveedor (casado, de 40 años).

 

 

Tuvieron dos citas. En la segunda, en un hotel alojamiento de Cañuelas (a unos 40 km de su pueblo), se filmaron teniendo sexo.

 

 

 

Silvia, que siempre había tenido un perfil bajo, le contó la aventura a su amiga: por primera vez en su vida se había grabado teniendo sexo. «Mostrame, no seas guacha», le pidió a Carola.

 

Se cree, aunque en el juicio no se probó, que la amiga aprovechó ese momento para sacarle el chip y copiar el video.

Era febrero de 2009 y, según varios testigos que declararon en la causa, Carola lo guardó más de un año porque se propagó por el pueblo recién dos semanas antes de la boda.

 

«Pago chico, infierno grande» -describe el fallo judicial-: muy pronto esas imágenes trascendieron el círculo de quienes trabajaban en el restaurante y, como reguero de pólvora, se difundieron por todo el pueblo de Las Heras.

 

¿Qué había pasado? ¿Por qué Carola había decidido romper los códigos de la amistad y difundir el video?

 

 

En algún momento de ese año, Carola, que creía que su marido le estaba siendo infiel, le había pedido a Silvia que intentara seducirlo a ver si «pisaba el palito».

 

Silvia aceptó ayudarla y le envió «mensajitos amorosos»: el problema fue que el marido en cuestión «picó» instantáneamente y le propuso fecha y hora para encontrarse. «Esa jugada» -declaró la acusada- deterioró la relación, nunca volvió a ser como antes».

 

Ese sábado 17 de abril de 2010, cuando faltaba una semana para su casamiento, Silvia llegó al bar con su motito. Entre las 8 y las 8: 15 de la mañana, Silvia entró y la acusó de querer traicionarla.

 

Según la Justicia, discutieron y forcejearon a los gritos al lado de las bolsas de papas hasta que Silvia tomó la maza que usaban para machacar las milanesas, moler pimienta y picar hielo -pesaba medio kilo- y le dio un golpe fuerte en el costado izquierdo de la cabeza.

 

Según declaró una empleada, siguieron forcejeando, con la maza ya desarmada: una se había quedado con el mango, la otra con el martillo. No era la primera vez que se iban a las manos: los compañeros contaron que en otra ocasión se habían trenzado de los pelos aunque después de cada pelea salían a cenar juntas, «como si nada hubiera pasado».

 

Después de la pelea, Silvia se fue y Carola se puso un repasador con hielo en la cabeza. No quiso que la llevaran al hospital y cuando le preguntaron qué había pasado, contestó con monosílabos. Sólo aceptó que su jefe la llevara a su casa. Se acostó.

 

Cinco horas después, su marido se dio cuenta de que hablaba con dificultad y la llevó a la guardia.

Primero pensaron que no era nada grave y le dieron puntos para cerrar la herida. Pero cuando el médico palpó, notó que tenía un hundimiento en el cráneo. Era un «hematoma extradural»: un coágulo de sangre en la cabeza que necesitaba ser evacuado con urgencia. La operaron una vez. Dos. Tres veces. Hasta que sufrió un infarto de la arteria cerebral media y entró en coma. Murió 9 días después. La boda de Silvia y Juan ya se había suspendido.

 

Tras cometer el crimen, Luna fue detenida y condenada en 2012 a 10 años de prisión por el homicidio, pero en 2013 los jueces consideraron que había actuado bajo un estado de emoción violenta y la liberaron con la totalidad de la nueva pena cumplida./TN

 

 

 

 

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