26 noviembre, 2020

Un policía mató de un tiro a un chico de 16 años: en el sepelio, su papá murió de un infarto

Una pericia de Gendarmería Nacional determinó con absoluta certeza que un oficial de la Policía de Misiones usó su arma reglamentaria para ejecutar a un adolescente en una oscura calle de tierra de la localidad de Santa Ana. El crimen ocurrió en la noche del 24 de agosto del año pasado y ahora el resultado del peritaje dejó a un suboficial ayudante a sólo un paso de una condena a prisión perpetua.

El caso conmocionó a todo el país cuando se conocieron los detalles del hecho. Es que Deibid Vergara, de 32 años, obligó al chico a arrodillarse para luego descerrajarle un balazo en la cabeza desde muy corta distancia. A pocos metros, desde un patrullero, otros tres policías de la Comisaría de Santa Ana se convirtieron en mudos testigos del hecho. Ante la Justicia aseguraron que no denunciaron el homicidio porque Vergara los amenazó de muerte y les dijo que todos terminarían presos.

Víctor Márquez Dos Santos tenía 16 años, estudiaba y en sus ratos libres le gustaba rapear. Quizás su corta vida cargada de privaciones había despertado en él la solidaridad. En la noche en que un plomo le destrozó la cabeza iba a reunirse con sus amigos de la iglesia evangélica a la que asistía porque al día siguiente iban a cocinar un locro. Querían reunir dinero para poder realizar una fiesta por el día del niño.

La patrulla policial lo sorprendió a un costado de la Escuela de Comercio, donde cursaba segundo año. Vergara fue quien ordenó al chofer detener la marcha del patrullero. Todos creyeron que sólo iba a identificar al chico, pero el oficial desenfundó su arma, le apuntó y obligó a arrodillarse. Cuando estaba a menos de un metro de distancia, accionó el gatillo y el plomo de su pistola reglamentaria destrozó el cráneo de Víctor, que quedó tendido sobre un charco de sangre.

El policía ni siquiera se detuvo a recoger la vaina servida de su arma. Ya dentro del patrullero les advirtió a los suboficiales que no contaran nada de lo sucedido. En la Comisaría, Vergara se encargó de modificar el libro de guardia para borrar el registro de la salida que había hecho con el patrullero.

Varios de los policías ahora imputados estuvieron en el velorio del adolescente y le aseguraron a la familia que esclarecerían el crimen. Y se cree que fue el oficial quien lanzó la hipótesis de un homicidio vinculado al mundo del narcotráfico.

El hallazgo de la vaina servida en el lugar del asesinato hizo que la Justicia pusiera la lupa sobre los policías. Una suboficial no soportó la presión y reveló lo que había ocurrido. No dudó en responsabilizar a Deibid Vergara, un policía con apenas tres años de servicio, y una foja no muy limpia.

El juez de la causa ordenó el secuestro de las armas reglamentarias para una pericia. El cotejo fue realizado por Criminalística de la Policía de Misiones y estableció que las estrías del plomo se correspondían con las que deja el cañón de la pistola de Vergara; y lo mismo ocurrió con la impronta del percutor sobre el culote.

Ante la posibilidad de que la pericia fuera tildada de parcial, el nuevo juez de la causa pidió que se hiciera una nueva y encargó la tarea a Gendarmería. Los resultados fueron idénticos.

Vergara está procesado y detenido en una unidad penal por el delito de homicidio calificado; mientras que los otros tres integrantes de la patrulla enfrentan la acusación de encubrimiento y llegarán a juicio en libertad excarcelados. Es casi un hecho que ninguno volverá a vestir el uniforme policial.

Hasta ahora el oficial optó por el silencio y en Santa Ana la familia de Víctor todavía no sabe por qué fue asesinado. A casi un año del hecho, la familia intenta superar un doble dolor. Es que el día del sepelio del adolescente, su padre se descompensó y unas pocas horas después falleció.

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